• Ángel Luis Gilsanz

Personalización



Ya se acercan la Navidades. Yo ya estoy anticipando lo bien que lo voy a pasar con los regalos. Seguro que ustedes también. Iremos, como cada año, todos a una tienda, compraremos, no sé, digamos 30 teléfonos móviles, o 25 corbatas, o 20 frascos de colonia y resuelto. Fácil, simple y eficiente. No más de una hora.

¡Ah! ¿Ustedes no lo hacen así? ¿y por qué no? Ya, ya, no me lo digan, los regalos son importantes para quedar bien, para transmitir cariño y para ver la sonrisa de ilusión en la cara de los amigos y familiares... y eso es en sí mismo un regalo para nosotros. Por eso, y ahora hablando en serio, hemos invertido tiempo en seleccionar los más adecuados, los que mejor iban a ser recibidos, los que iban a gustar más, en definitiva, los que nos más nos ayudaran a transmitir y mantener el cariño de los nuestros.

Bueno, pues a nuestras organizaciones les ha costado mucho (a muchas aún les cuesta) llegar a la conclusión de que, si en nuestra casa no podemos sacar lo mejor de cada uno con fórmulas iguales para todos, tampoco podremos hacerlo en nuestras empresas.

Cada vez somos más conscientes de que esas cajitas que pintamos en nuestros organigramas y gráficos funcionales tienen dos dimensiones, y no sólo una. Por un lado, está el concepto clásico de la “Posición” y sus atributos (ubicación, descripción del puesto, banda salarial, etc.) y por otro su “Ocupante”, es decir, la persona que detenta esa posición.

Hasta hace poco definíamos muy bien las “posiciones” buscando la eficiencia y la excelencia organizativa y pedíamos que las personas se adaptaran a ellas. Ahora estamos aprendiendo que lo que diferencia nuestras compañías, lo que impacta en la experiencia de nuestros clientes son las personas que las componen y cómo ellas se relacionan en nuestro mundo corporativo a todos los niveles.

Conceptos como flexibilidad, conciliación, motivación y diversidad son sólo los referentes medioambientales que tenemos que desarrollar para que las personas ofrezcan lo mejor de sí mismas. Ese es el trabajo de nuestros departamentos de Recursos Humanos. Crear y manejar esos espacios comunes para que cada individuo se sienta cómodo y encuentre su camino y su ilusión.

Y como nuestros amigos y familiares, cada uno tiene ilusiones, necesidades y expectativas diferentes. Ese es el puzle a resolver. Ser capaces de cuidar y combinar ese aspecto personal con prácticas, herramientas y procedimientos eficientes y en cierta medida estandarizados.

Se trabaja ahora en cómo ser capaces de ofrecer esa experiencia personal de compañía no sólo a nuestros clientes sino también a nuestros empleados. Y no me refiero únicamente a soluciones como los salarios a la carta, horarios flexibles, etc.

La ola nos debería mover en la dirección de ser capaces de diseñar y amueblar las cajitas de los organigramas en función a sus habitantes, y no viceversa. Una transparencia preciosa nunca dejará a un cliente satisfecho. Su empleado sí.

Para terminar, alguien me podrá argumentar que estas ideas van en contra de conceptos como la negociación colectiva, la representación colectiva de los trabajadores, etc. Todo lo contrario, este reto también es para ellos. Nuestra evolución social les está demandado que se unan a este carro de búsqueda y reconocimiento de la individualidad, que no del individualismo.

Aprovecho para desearles buenas tardes o buenos días, no a todos, pero sí a cada uno de ustedes.

#Talento #Personalización #Motivación #Ilusión #Adaptación

0 vistas