• Ángel Luis Gilsanz

Todos somos no newtonianos


En las labores de consultoría o asesoramiento, lo más habitual es que los clientes nos presenten sus retos o vicisitudes en forma de problemas a resolver. Y es frecuente que nosotros respondamos con más preguntas, peticiones de reuniones exploratorias, sesiones de trabajo previo, etc. para obtener la información y la perspectiva necesarias que nos ayuden a ayudarles. Muchas otras veces, los planteamientos son más cerrados, si me permiten la expresión, y se nos entregan los datos junto a una descripción del objetivo y par de preguntas muy simples: ¿cuándo estará y cuanto me costará?


Últimamente, con el evidente aumento de la velocidad de crucero de las organizaciones y la proliferación de tecnologías, metodologías y herramientas “ágiles”, este planteamiento se hace más evidente cada día. Yo soy un convencido de esta forma de trabajo, y postulo que avanzar consiguiendo resultados visibles más o menos inmediatos en cualquier proyecto es crítico para el éxito final a medio o largo plazo.


No obstante, estoy detectando un aumento alarmante de ocasiones en las que bajo estos planteamientos subyace un concepto demasiado lineal de los problemas, lo que conlleva la expectativa de encontrar una solución también lineal. Es decir, partiendo de algo que no gusta, se diagnostica la causa (una, si puede ser) y se aplica la solución (también una, por favor).


Con las prisas, se nos olvida recordar activamente que las organizaciones son seres vivos (afortunadamente para todos los que formamos parte de ellas) y que en cada aspecto hay multitud de factores que influyen y que, a su vez, se ven influidos de forma continua y dinámica.


En la gestión de personas y equipos, los enfoques lineales no son eficaces porque no responden a la realidad de las situaciones. Y no es que las soluciones lineales sean menos adecuadas, es que habitualmente son contraproducentes. Hay una ley empírica de las relaciones personales que no debiera olvidarse nunca y que afirma que la resistencia obtenida en cualquier proceso de cambio es, al menos, igual a la resistencia esperada y pero aún cuando se aplican soluciones sin diálogo previo(atención, me refiero a diálogo real y directo, no a comunicación corporativa).


¿Conocen ustedes los fluidos no newtonianos? Si me permiten una pequeña digresión en el mundo de la física, podemos ver en Wikipedia que “un fluido no newtoniano es aquel fluido cuya viscosidad varía con la temperatura y la tensión cortante que se le aplica.”

“Un ejemplo puede hacerse fácilmente añadiendo maicena en una taza con agua. Se añade la maicena en pequeñas proporciones y se revuelve lentamente. Cuando la suspensión se acerca a la concentración crítica es cuando las propiedades de este fluido no newtoniano se hacen evidentes. La aplicación de una fuerza con la cucharilla hace que el fluido se comporte de forma más parecida a un sólido que a un líquido... Si se deja en reposo recupera su comportamiento como líquido.”. Es decir, si golpeamos el fluido con la cucharilla, esta rebotará y no penetrará la superficie.


Retomando nuestro tema, podríamos decir que las personas y los equipos son “no newtonianos” y que nuestra resistencia varía en función de la temperatura (clima, cultura organizativa, propósito, valores, políticas, etc.) y de la “tensión cortante” (liderazgo, criterios de gestión, comunicación directa, etc.) que se aplique.


Ello nos debería llevar, creo yo, a la conclusión de que con un mal planteamiento de los problemas que se gestionan en las organizaciones puede que se está creando la resistencia que se trata de evitar, y si no tanto, al menos es seguro que se alimentará.


Como casi decía una antigua campaña publicitaria ¿Soluciones simples y lineales? No, gracias...

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